La historia de Cúcuta está sustentada en las oleadas migratorias, producto de la violencia política, el conflicto armado y la migración de venezolanos.
Cada momento marcó a la ciudad y la hizo crecer en la periferia para conformarse los cordones de miseria y superpoblar los cerros que la bordean.
La sesión del Diplomado de la Cucutaneidad permitió hacer el repaso a la vida política cucuteña, recordar los nombres de quienes han gobernado por designación o elección y rememorar los apellidos de esas familias que han perdurado en el poder local.
Holger García, presidente de la Academia de Historia de Norte de Santander, se encargó de la primera parte, de la relacionada con el regreso al pasado, desde Luis Salas Peralta, primer alcalde (1910), hasta Jairo Yáñez, próximo a entregar el palacio municipal.
Luego, tomó la palabra Luis Fernando Niño, vicepresidente de la Academia, y al final del recorrido histórico hizo el análisis de lo ocurrido en Cúcuta.
Aseguró que el panorama político de hoy es distinto a décadas atrás. Otrora, los barrios se bautizaban con nombres sin interés personal. De un tiempo para acá, sirven como homenaje a personajes nacionales o locales.
De El Contento, San Luis, Zulima, Guaimaral, Colsag, Colpet, Sevilla, Cundinamarca o Las Angustias, se pasó a Gaitán, Galán, Belisario, López, Policarpa, Tirso Vélez, Antonio Navarro, Pizarro, Jerónimo Uribe, María Paz y muchos más.
En el análisis concluyó que entre más necesidades acumulan las comunidades, más votos consiguen los candidatos.
En los barrios de estratos acomodados se aprecia que la abstención es mayor. “Los cargos no se designan, se compran”, aseveró el ex secretario de Víctimas de Norte de Santander.
Y pidió a los aspirantes a cargos por elección a que debatan con ideas, no con ofrecimientos populistas, y que “dejen a un lado la polarización visceral”.
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